La narrativa de Raymond Carver. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

Carolina Morning (Edward Hopper, 1955)

 

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? Son un conjunto de cuentos cortos “minimalistas” que inquietaron gran parte de los críticos literarios de finales de los años setenta y principios de los ochenta. El principal problema residió en cómo describirlos, evaluarlos, en definitiva criticarlos, también se cuestionaban hasta qué punto la reducción sistemática de contenido servía como método de amplificación de los efectos artísticos. Para la mayoría de ellos la short story minimalista era un ejemplo de narración que no pertenecía a ningún estilo, una manera casi chapucera de representar la vida cotidiana llena de banalidad. Como consecuencia, en el caso de la short story norteamericana el llamado “less i is more[1], frase con la que se definió el concepto minimalismo, para algunos críticos no era aplicable, al contrario afirmaban que “less is simply less[2]. Al hacer referencia al minimalismo literario de los años setenta y ochenta se deben tener en cuenta los precedentes artísticos como el arte minimalista de los sesenta, la arquitectura minimalista y el espíritu de experimentación con las construcciones lingüísticas de la realidad que ya se gestaban, es decir, “nuevo realismo” con ganas de experimentar A pesar de ello la short story minimalista fue acogida como una técnica no experimental del discurso realista. El hecho de que la historia minimalista no se sirva de un lenguaje abstracto pero al mismo tiempo no sea convencionalmente realista hace que su lenguaje y su estilo generen perplejidad ante sus lectores.

En el caso que nos concierne, la obra de Raymond Carver ocupa un lugar central en la obra literaria minimalista a la cual hacemos referencia: sus temas, el uso de frases descriptivas cortas y la linealidad imperturbable de sus historias, juntamente con el imperturbable tono que acompaña toda la narración. Todos estos elementos al parecer hicieron ver a la crítica un tipo de narración banal, sin el valor ascético o simbólico que, en teoría, debe transmitir una obra literaria minimalista[3]. En el sector de la crítica literaria de estos años, hay dos figuras que expresan su desaprobación ante la literatura minimalista de Carver: Adam Meyer y John Aldridge. Ambos coinciden en que son un tipo de narraciones sin expresión, que hablan sobre personajes ordinarios. El primero centra su crítica en la ausencia de finales reveladores y el segundo en la presentación de las cosas en el relato como si carecieran de importancia. Aldrige, opina que si una obra se hace llamar minimalista, ésta debería servirse de elementos lingüísticos que indicaran una gran riqueza de significado bajo formas simples y un contenido empobrecido. Según Aldridge, este tipo de minimalismo puede encontrarse, por ejemplo, en la obra de Ernest Hemingway[4]. El punto de vista de este crítico acerca de qué es el arte se define como presentar significado a través de detalladas descripciones o hacerlo indirectamente a través de la ironía, la sátira dota el arte de significado. También considera importante el poder de la imaginación y la complejidad semántica, convirtiéndose en el deber del escritor.

En el año 1984 L. Maffery y S. Gregory en una entrevista a R. Carver le preguntaron acerca de la cualidad estática o ambigua y abierta de sus relatos, a lo que Carver contestó: “La tarea del escritor, o de la escritora, si es que la tienen, no es la de ofrecer conclusiones ni respuestas. Si el relato se contesta a si mismo, a sus problemas y conflictos, y satisface sus propias necesidades, entonces basta. Por otro lado, yo quiero asegurarme de que mis lectores no se sientan engañados, de cualquier forma que sea, cuando terminan mis relatos. Es importante que los escritores ofrezcan lo suficiente para satisfacer al lector, aunque no ofrezcan respuestas únicas o soluciones claras”[5]. Estas palabras podrían, en parte, responder a la crítica de Adam Meyer y John Aldridge. También resulta interesante recuperar el estilo de Ernest Hemingway de los años veinte para poder compararla con la obra literaria de Raymond Carver y ver más de cerca sus diferencias y también sus similitudes con Hemingway. Según Daniel Just, autor del artículo Less is More? A Reinvention of Realism in Raymond Carver’s Minimalist Short Story, analiza la figura de estos dos escritores encontrando similitudes estructurales entre ambos. También pone de manifiesto el uso de un lenguaje impersonal y la banalidad del tono en la short story de Hemingway que nos remite directamente a la narrativa de Carver:

-Vern, ¿Quieres comer algo? –le grité.

No respondió. Oí el agua en el cuarto de baño. Pero supuse que querría comer algo. A esta hora solemos tener hambre. Puse pan y fiambre encima de la mesa y abrí una lata de sopa. […] Lo puse todo encima de la mesa. Y entonces me acordé de la tarta de manzana.

[…] y dijo:

-¿Qué tal unos cereales con azúcar moreno? –Se sentó y abrió el periódico a un lado del plato.

Comimos, el cenicero se llenó de huesos de aceitunas y de colillas.[6]

Al igual que Hemingway, Carver se sirve de un estilo no ornamental, el tono permanece inmutable y la banalidad de la escena es total. A su vez, ambos autores se sirven de su capacidad gramatical para superar la mera trivialidad: en el caso de Hemingway, el uso de frases cortas muy seguidas sirve como recurso para acelerar el discurso haciendo que el lector avance rápidamente entre ellas para completar el significado del discurso. Por el contrario, el flujo narrativo de Carver avanza lentamente creando un efecto de suspensión del tiempo y suspensión en la búsqueda de significado[7]. Este “recurso”, que define la mayor parte de la obra narrativa del autor, se ve reforzado cuando hacemos referencia a los personajes que aparecen en sus obras. La inactividad de los personajes y los momentos de “actionless” que no llevan a ninguna otra acción más sustancial, son las características por las que se rige el estilo de Carver. En la entrevista del año 1984 le preguntan acerca de estos personajes “sin palabra” ni capacidad de expresión, el autor justifica su presencia diciendo que son gente como la que él ha ido conociendo a lo largo de su vida y son la clase de vidas que quiere retratar en sus obras. Los problemas y conflictos que puedan tener estos individuos son los temas que le interesan al autor, dejando que expresen su punto de vista a pesar de ser personajes inventados. En otra parte de la entrevista, al preguntarle acerca de los aspectos realistas de su obra, Carver afirma que el realismo por si solo le aburre, en sus obras sus personajes nunca hablan como lo harían en la vida real y pone el ejemplo de Hemingway que, a pesar de tener buen oído para el diálogo, nadie habla en la vida como lo hacen en la ficción que Hemingway escribía[8].

En el ensayo de John Barth titulado A few words about minimalism, el escritor hace una clasificación de distintos tipos de arte minimalista dividiéndolos en minimalistas de estilo, forma y escala, minimalistas de estilo y minimalistas en el material. Los primeros se caracterizan por el uso de palabras cortas, frases y párrafos cortos, historias muy cortas y editadas en minúsculas novelas. A ello J. Bath añade los breves pero muy influyentes cuentos de Borges. El segundo tipo se caracteriza por su liberación de vocabulario, sintaxis, subordinaciones complejas, la retórica; en general, un discurso simple y sencillo, sin usar un tono emotivo. El tercer y último tipo se caracteriza por una presencia mínima de personajes, mínima exposición, mínima puesta en escena, mínima acción y mínimo argumento[9]. Según Barth, estos tipos de minimalismo no siempre confluyen, puede existir una narración corta pero muy retorica y emotiva, és decir, no todo el minimalismo se basa en el conflicto del artista entre el “no tengo ganas de expresarme” y el “tengo que expresarme” como deber moral.

En el caso de Carver hay que decir que, la brevedad era una cuestión de falta de tiempo para escribir y, ahora que sí tiene tiempo, afirma que no sería capaz de enfrentarse a escribir una novela larga: “cuando cojo una revista literaria, lo primero que miro es la poesía, y luego leo los relatos. Casi nunca leo otra cosa […] supongo que me atrajo la forma, la brevedad de la poesía y la narrativa corta. Y también, la poesía y la narración eran cosas que se podían hacer en un período razonable de tiempo”.[10] No obstante, el escritor también confiesa su gusto por jugar con las palabras y las frases, “limarlas” hasta el punto en que las encuentra sólidas, eliminar la “paja” y decir lo que quiere decir en el menor número de palabras posible. En este sentido, la obra de Carver parece encajar dentro de este esquema de “minimalismos” descrito, puede que no pertenezca a uno de ellos en su totalidad, pero si vemos algunas características que nos remiten al discurso de Barth. En cualquier caso, hablar de minimalismo, y aún más de minimalismo literario, no resulta fácil y ha provocado más de un dolor de cabeza tanto a críticos como lectores.

A modo de conclusión debo decir que nunca antes me había detenido a pensar en los aspectos más técnicos de la obra de Carver, mi lectura siempre ha sido por placer, nunca de tipo académico. Siempre he pensado que su lectura era un modo de desconectar por un momento de mi cotidianidad para entrar en otra, un punto de vista distante y al mismo tiempo cercano. Tengo que admitir que a menudo me he sentido un poco voyeur al leer sobre estas vidas ajenas, es decir, me atrae la idea de ver con los ojos de un personaje un pedazo de su vida y, a su vez, siento una profunda atracción por su forma de escribir, sin poder justificarlo académicamente.

Se ha hablado de realismo en Carver pero, a mi modo de ver, se trata de una dimensión totalmente alejada de mi realidad, verosímil por supuesto, pero pocas veces el contexto cultural y social de sus personajes se encuentra al mismo nivel que el del lector, se aproxima a esa sociedad sumergida, dando voz a personajes con poco que decir que, como dice Carver, están al otro lado. Estos personajes sin nada que contar supongo que ayudan a enfatizar la técnica del autor en su voluntad frenar la velocidad del discurso, volver las acciones en inacciones y prolongar esos momentos aparentemente triviales. A mi modo de ver, Carver demuestra y muestra que el minimalismo no tiene necesariamente que ofrecer una cadena constante de símbolos,  tener una técnica muy marcada  o ser un epifánico “slyce of life”. Según el propio autor, los elementos que a menudo describe no tienen necesariamente un significado simbólico, él quiere que el lector se de cuenta que están allí y si encajan como centro del discurso mejor que mejor. Personalmente, una historia no es más completa o más interesante en función de la minuciosidad con la que se describen detalles o cuanto más concreto sea el matiz o más impactante sea el final. Carver a través del minimalismo o de la depuración de la narrativa transmite “su” punto de vista como autor, por un lado, y al mismo tiempo parece dejar siempre una puerta abierta para la interpretación del lector, sabiendo mejor que nadie la importancia de la subjetividad en la narrativa posmoderna. Aquí se requiere la participación de un lector activo que acoja los “guiños” o los símbolos que el escritor deja a su paso transformados en un reloj que hace “tic-tac”, una estación de tren o un silencio incómodamente prolongado.

 

Bibliografía

BARTH, John. “A few words about minimalism”. Late City Final Edition. Winter 1986. Section 7; Page 1: Column 1; Book Review Desk.

BRUCE GENTRY, Marshall; STULL, William L. Conversations with Raymond Carver. Ed. Mississippi. University press of Mississippi 1990.

CARVER, Raymond. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? Ed. ANAGRAMA. Barcelona 1997.

JUST, Daniel. “Is less more? A Reinvention of Realism in Raymond Carver’s Minimalist Short Story”. Heldref Publications. Spring 2008, vol. 49, no. 3. p. 303-317.

 

Imagen

Carolina Morning, Edward Hopper, 1955.

 

[1] JUST, Daniel. “Is less more? A Reinvention of Realism in Raymond Carver’s Minimalist Short Story”. Heldref Publications. Spring 2008, vol. 49, no. 3. p. 303

[2] Idem. p. 304

[3] Idem. p. 305

[4] Idem. p. 307.

[5]BRUCE GENTRY, Marshall; STULL, William L. Conversations with Raymond Carver. Ed. Mississippi. University press of Mississippi 1990.

[6] CARVER, Raymond. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? Ed. ANAGRAMA. Barcelona 1997. p. 25.

[7] JUST, Daniel. “Is less more? A Reinvention of Realism in Raymond Carver’s Minimalist Short Story”. Heldref Publications. Spring 2008, vol. 49, no. 3. p. 312

[8] BRUCE GENTRY, Marshall; STULL, William L. Conversations with Raymond Carver. Ed. Mississippi. University press of Mississippi 1990. p. 103.

[9] BARTH, John. “A few words about minimalism”. Late City Final Edition. Winter 1986. Section 7; Page 1: Column 1; Book Review Desk.

[10] BRUCE GENTRY, Marshall; STULL, William L. Conversations with Raymond Carver. Ed. Mississippi. University press of Mississippi 1990. p. 100.

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